No hay mayor peso para un ser humano que un gran potencial.
No hay medicina para el miedo.
No hay mejor predicador que la hormiga, que no dice nada.
No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida.
No hay nada al margen del momento.
No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea.
No hay nada en el mundo que pueda compararse con un rostro humano. Es una tierra que uno no se cansa jamás de explorar, un paisaje (ya sea árido o apacible) de una belleza única. No hay experiencia mas noble, en un estudio, que la de constatar cómo la expresión de un rostro sensible, bajo la fuerza misteriosa de la inspiración, se anima desde el interior y se transforma en poesía.
No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.
No hay nada ilimitado que interesa tanto al hombre como la sensacíon de un beso; siempre con la sensación de estar al borde del abismo.
No hay nada inaccesible a los mortales.
No hay nada mas activo que un rumor ocioso.
No hay nada más ateo que la alfombra de la catedral.
No hay nada más bello que vivir.
No hay nada más cierto que nuestros propios errores.
No hay nada más común que la pasión por el arte.
No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos, cuando estos lleguen a perderle el temor pero no el respeto.
No hay nada más patente que lo secreto, ni nada más tangible que lo recóndito; por eso, el noble debe ser cauteloso con respecto a lo que él sólo es para sí.
No hay nada más raro en el mundo que una persona a la que siempre podamos tolerar.
No hay nada más terrible que la ignorancia en acción. Creer una cosa sobre la base de pruebas insuficientes es siempre un error, en todas partes trátese de quien se trate. La gente que cree en absurdos cometerá atrocidades.
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuantas cosas viejas hay que no conocemos.
No hay nada peor que una imagen brillante de un concepto borroso.
No hay nada que delate mejor la verdadera índole de las personas que su actitud hacia el dinero.
No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.
No hay nada que pueda crecer y perecer tan profundamente como el hombre.
No hay nada que sea más amenazador que la felicidad, y cada beso que damos puede despertar un enemigo.