Cuando Dios te da un don, también te da un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse.
Las tristezas no se quedan para siempre cuando caminamos en dirección a lo que siempre deseamos.
A fin de cuentas las opiniones no son más importantes que las personas como para separarlas.
A ti ya no te queda nada, y a mí me queda por lo menos, éste síndrome incurable de quererte tanto