El orgullo humano sabe inventar los nombres más serios para ocultar su propia ignorancia.
El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas.
El pesimista sabe rebelarse contra el mal. Sólo el optimista sabe extrañarse del mal.
El peso del ladrillo lo hace bailar como un hada por encima y quejarse por abajo.
El poeta debe caer como un halcón sobre su presa y dejarla en los huesos.