De haber escrito mi propio epitafio este hubiese sido: Tuve una riña de enamorados con el mundo.
Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar.
Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: quiero ver al mánager.
Después del crepúsculo, los gusanos de luz piensan: ¡nosotros hemos iluminado el mundo!.