Vivo en un país tan grande que todo queda lejos: la educación, la comida, la vivienda.
Vivo enraizado con mi país. Pero quizás por mi devoción a san martín, bolívar, sucre y artigas a veces sufro más como latinoamericano que como argentino, a pesar de estar machimbrado con mi tierra.
Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero.
Yo escribo, porque si no me hubiera muerto, para buscar el sentimiento de la existencia.
Yo no soy un "vivo", soy apenas un gil avivado.
Yo no vivo del que dirán, si no del que le importa.
Yo vivo de lo poco que aún me queda de usted, su perfume, su acento, una lágrima suya que mitigó mi sed.
Yo vivo enamorado de luz, de mar y cielo.
¡Arriba, haragán!. ¡No desperdicies la vida!. Ya dormirás bastante en la sepultura.
¿Venís a picotearme los ojos aún vivo, revuelo de moscas?.