A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza.
Admiro mucho a la mujer. Me encanta su belleza, su delicadeza, su vivacidad, y su silencio.
Afortunosamente, no respetamos la geometría. Somos iguales, pero no somos semejantes.
Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
Al principio de las catástrofes, y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica.
Alegra ver caer las gotas de lluvia. Pero ellas se destrozan contra el suelo.
Algunos dicen que el trabajo duro no ha matado a nadie, pero yo me digo ¿Por qué arriesgarse?