No puedo cambiar la dirección del viento, pero puedo ajustar mis velas para llegar a mi destino.
No sé cual es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
No se debe juzgar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas.
No se desprecia a todos los que tienen vicios, pero sí a los que no tienen ninguna virtud.
No sé qué es la conciencia de un tonto; pero la de un hombre intelectual está llena de tonterías.
No somos más ignorantes que ingenuos. Sabemos siempre lo que creemos que nos conviene saber.
No te hagas demasiado amigo de nadie: tendrás menos alegrías pero también menos penalidades.
No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando.