Los dioses facilitan el primer verso; los demás, los hace el poeta.
Los diplomáticos tienen garantizado por mucho tiempo su trabajo, porque no parece probable que los ordenadores a corto plazo aprendan a beber champange y a comer langosta.
Los faroles apenas tenían las sombras esa noche “aún no sé si en verdad sucedió”, pero no olvidaré aquellas lívidas nubes que incendiaban las llamas finales del sol.
Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, lo que hace falta es transformarlo.
Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca son estériles.
Los grandes egos son grandes escudos para mucho espacio vacío.
Los grandes episodios de la vida de las avejas, a saber: la formación y la partida elenjambre, la fundación de la ciudad nuva, el nacimiento, los combates y le vuelo nupcial de las jóvenes reinas, la masacre de los machos y el regreso del letargo del inverno.
Los grandes son como el fuego, al que conviene no acercarse mucho ni alejarse de él.
Los grilletes de oro son mucho peor que los de hierro.
Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo.
Los hombres están hechos de tal modo que quieren desde luego cometer el mal pero no quieren que se lo prediquen.
Los hombres están impacientes por mejorar sus circunstancias, pero son poco los que están dispuestos a mejorarse; por lo tanto siguen estando en las mismas circunstancias.
Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida.
Los hombres hacen las obras, pero las mujeres hacen los hombres.
Los hombres más eruditos no son precisamente los más sabios.
Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.
Los hombres son crueles, pero el hombre es bueno.
Los hombres son más elocuentes que las mujeres, pero las mujeres poseen un mayor poder de persuasión.
Los hombres usan máscaras para embellecerse. Pero a diferencia de la mujer, la decisión de embellecerse de un hombre siempre es un deseo de muerte.
Los hombres, no obstante a que se les hace imposible existir en el aislamiento, sienten como un peso intolerable los sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida en común.
Los humoristas y los filósofos dicen muchas tonterías, pero los filósofos son más ingenuos y las dicen sin querer.
Los ideales son la única forma de saber que estamos vivos.
Los ideales son peligrosos. La realidad hiere, pero es mejor.
Los investigadores alimentamos el instinto de saber; somos operarios del patrimonio intelectual de la humanidad.
Los libros no deben clasificarse nunca. Clasificarlos es una ciencia, pero no clasificarlos es un arte.