Las circunstancias son importantes...pero lo esencial está dentro de cada uno.
Las cosas más bellas y mejores en el mundo, no pueden verse ni tocarse pero se sienten en el corazón.
Las cosas no valen sino lo que se las hace valer.
Las cosas que mucho suben, al mejor tiempo caen.
Las cosas simples son las más extraordinarias y sólo los sabios consiguen verlas.
Las críticas no serán agradables, pero son necesarias.
Las decisiones de dios son misteriosas, pero siempre a nuestro favor.
Las desgracias que podemos soportar vienen del exterior; son accidentes. Pero sufrir por nuestras propias faltas. . . Es ahí donde reside el tormento de la vida.
Las dictaduras podrían ser buenas, pero no lo son. Porque la dictadura ilustrada es una utopía. Y las militares son las peores.
Las grandes decisiones de la vida humana tienen como regla general mucho más que ver con los instintos y otros misteriosos factores inconscientes que con la voluntad consciente y bien el sentido de razonabilidad.
Las grandes personas, que son las buenas, son ante todo pródigas, y no se preocupan mucho de sus expansiones. Hay que reír y llorar, amar, trabajar, gozar y sufrir; en fin, vibrar todo lo que se pueda y en todos los sentidos. ¿No consiste en esto lo verdaderamente humano?.
Las heridas de la calumnia se cierran pero quedan las cicatrices.
Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas.
Las ideas son como las pulgas, saltan de unos a otros pero no pican a todos.
Las infidelidades se perdonan, pero no se olvidan jamás.
Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.
Las lecturas que se hacen para saber no son, en realidad, lecturas. Las buenas, las fecundas, las placenteras son las que se hacen sin pensar que vamos a instruirnos.
Las montañas son magníficas pero la modestia del campo nos alimenta.
Las mujeres comunes saben más de hombres que las mujeres hermosas. Pero las mujeres hermosas no necesitan saber de hombres, son los hombres los que tienen que saber de mujeres hermosas.
Las mujeres llaman arrepentimiento al recuerdo de sus faltas; pero, sobre todo, al sentimiento de no poder cometerlas de nuevo.
Las mujeres lo negaran o lo aceptaran, pero lo que siempre quieren es que se lo pidamos.
Las mujeres necias siguen la moda, las pretenciosas la exageran; pero las mujeres de buen gusto pactan con ella.
Las mujeres son como las corbatas: de lejos son bonitas e inofensivas, pero terminan ahorcando al hombre.
Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen, nada que decir, pero lo dicen deliciosamente.
Las obras maestras del arte tienen a los ricos por esposos, pero a los pobres por amantes.