El dinero hace al hombre entero.
El dinero no da la felicidad, ciertamente; pero tampoco es un serio obstáculo.
El dinero no da la felicidad, pero ayuda.
El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.
El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo.
El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción.
El dinero sólo puede comprar cosas materiales, como alimentos, ropas y vivienda. Pero se necesita algo más. Hay males que no se pueden curar con dinero, sino sólo con amor.
El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.
El ejercicio hace maestro al novicio.
El entendimiento agudo y sin grandeza, lo pincha todo, pero nada mueve.
El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.
El epitafio es la última tarjeta de visita que se hace el hombre.
El erotismo es cuando la imaginación hace el amor con el cuerpo.
El escenario de mi cuento es esta tierra, en la que actualmente vivimos. Pero el período histórico es imaginario.
El escritor que quiera saber cómo debe conducirse en relación a la posteridad no tiene más que examinar en los viejos libros qué es lo que le causa agrado y cuáles son las omisiones que más lamenta.
El escultor no hace más que llamar, con el cincel y a golpe de martillo, a los guerreros que duermen en las espesuras del mármol.
El espíritu busca, pero el corazón es el que encuentra.
El espíritu humano avanza de continuo, pero siempre en espiral.
El espíritu le da significado a su vida, y la posibilidad de su mas grande desarrollo. Pero la vida es esencia para el espíritu, ya que su verdad no es nada si no puede vivir.
El esqueleto de la ciencia son los hechos, pero los músculos y los nervios son el significado que se les confiere, y el alma de la ciencia son las ideas.
El etcétera es el descanso de los sabios y la excusa de los ignorantes.
El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano.
El éxito, a veces, alienta a los inteligentes. Generalmente atonta más a los que ya son tontos, pero en ambos casos, es efímero.
El extraño enseguida reconoce los defectos, los méritos mucho después.