El amor no está en el otro, está dentro de nosotros mísmos; nosotros lo despertamos. Pero para que despierte necesitamos del otro.
El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males.
El amor nunca se muere de hambre, generalmente lo hace por indigestión.
El amor se hace con el corazón y se deshace con los sentidos.
El amor se hace más grande y noble en la calamidad.
El amor verdadero hace milagros, porque el mismo es ya el mayor milagro.
El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.
El ánimo gozoso hace florida la vida; el espíritu triste, marchita los sucesos.
El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana.
El arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.
El arte de escribir historias está en saber sacar de lo poco que se ha comprendido de la vida todo lo demás; pero acabada la página se reanuda la vida y uno se da cuenta de que lo que sabía es muy poco.
El arte de ser sabio consiste en saber a que se le puede hacer la vista gorda.
El arte de vivir es el arte de saber creer en las mentiras.
El arte de vivir esta en saber ver lo favorable.
El arte de vivir mucho es resignarse a vivir poco a poco.
El arte es inútil, pero el hombre es incapaz de prescindir de lo inútil.
El Arte no es terapia, pero además es terapéutico.
El arte no reproduce lo visible. Lo hace visible.
El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.
El avión es solamente una maquina, pero qué invento tan maravilloso, qué magnífico instrumento de análisis: nos descubre la verdadera faz de la Tierra.
El benefactor llama a la puerta, pero el que ama la encuentra abierta.
El beneficio que a todos se hace, a ninguno se hace.
El brazo del universo moral es largo, pero se dobla hacia la justicia.
El buen Dios ha de tenernos en verdad mucho cariño para acercarse siempre a nosotros con un tiempo tan malo.
El buen lector hace el buen libro.