Me encantaría saber qué pasaría si un día llegase del cielo la noticia de que el buen Dios se dispone a enviar una comisión de ángeles con plenos poderes para viajar por Europa, como los jueces en Inglaterra, y poner fin a los grandes procesos que, en el mundo, no tienen otro juez que el derecho del más fuerte.
Me gusta el ajedrez porque es un buen descanso; hace trabajar la mente, pero de una forma muy especial.
Me gusta pensar en toda esta gente que me enseñaron tantas cosas que yo nunca había imaginado antes. Y me enseñaron bien, muy bien cuando eso era tan necesario me mostraron tantas cosas que nunca creí que fueran posibles. Todos esos amigos bien adentro de mi sangre quienes cuando no había ninguna oportunidad me dieron una.
Me gustaría transmitir lo que fue África. Nunca experimenté nada así. África tiene su propia personalidad. A veces es una personalidad triste, a veces impenetrable, pero siempre irrepetible. África era dinámica, era agresiva, estaba al acecho.
Me he arrepentido de haber hablado, pero nunca de haber guardado silencio.
Mejor es la salud que nunca se perdió.
Mejor ser un cohete caído que no haber resplandecido nunca.
Menos se siente perder lo que nunca pudo alegrar.
Mi gato nunca se ríe o se lamenta, siempre está razonando.
Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas.
Mis antecesores, en seis años, no nombraron nunca a un obrero en nada, y ahora quieren hacer creer a los trabajadores que las empresas deben ser de su propiedad. Les dicen que ellos deben ser dueños del cobre, del carbón, del salitre. ¡cómo andaría el país!.
Mis libros siempre están a mi disposición, nunca están ocupados.
Mis palabras suben volando, mis pensamientos se quedan aquí abajo; palabras sin pensamientos nunca llegan al cielo.
Muchas palabras nunca indican sabiduría.
Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella.
Músico pagado, no toca un buen son.
Nada tan peligroso como un buen consejo acompañado de un mal ejemplo.
Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta.
Nadie imagina cuánto ingenio se requiere para no parecer nunca ridículo.
Nadie recordaría al buen samaritano, si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero.
Ni tú ni yo ni nadie dejará nunca de ser por siempre.
Ningún hombre es una isla. Para hacer frente al buen combate, necesitamos ayuda.
Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede.
Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven.
Ninguna casa debería estar nunca sobre una colina ni sobre nada. Debería ser de la colina. Perteneciente a ella. Colina y casa deberían vivir juntas, cada una feliz de la otra.