También elogiamos al sabio por su habito, y a los hábitos dignos de elogio los llamamos virtudes.
Toda la tierra está al alcance del sabio, ya que la patria de un alma elevada es el universo.
Una conversación con un hombre sabio vale más que diez años de estudio en libros.
Y ese miedo idiota de verte viejo y sin pareja; te hace escoger con la cabeza lo que es del corazón.