El necio y el sabio habitan en pisos diferentes de la mente humana.
El público es más inteligente de lo que él mismo cree, pero no hay que decírselo, porque si no se vuelve aún más impertinente de lo que es de por sí.
El que compite por humillar a alguien es un idiota, el que lo hace por la pasión de competir, es un verdadero hombre.
El que no es bello a los veinte, ni fuerte a los treinta, ni rico a los cuarenta, ni sabio a los cincuenta, nunca será ni bello, ni fuerte, ni rico, ni sabio.
El que no sabe es un imbécil. El que sabe y calla es un criminal.
El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.
El que se enamora no lo nota, pero al poco tiempo se vuelve idiota.
El sabio consigue más ventajas por sus enemigos que el necio por sus amigos.
El sabio en la virtud debe siempre hacer fundamento.
El sabio en su retiro es útil a la comunidad.
El sabio es amable, el necio es áspero.
El sabio es artífice de su propia fortuna.
El sabio es el único que escapa a las leyes del género humano, todos los siglos le sirven como a un dios: ¿se trata del pasado? su recuerdo lo abraza. ¿del presente? lo utiliza. ¿del futuro? lo prevé. Así se prolonga su vida, al juntarse en uno solo todos los tiempos.
El sabio es generoso.
El sabio es quien quiere asomar su cabeza al cielo; y el loco es quien quiere meter el cielo en su cabeza.
El sabio es sabio porque ama. El loco es loco porque piensa que puede entender el amor.
El sabio es y no oprime.
El sabio no castiga por venganza de lo pasado, sino por remedio de lo venidero.
El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.
El sabio no enseña con palabras, sino con actos.
El sabio no es el hombre que proporciona las respuestas verdaderas, es el que formula las preguntas verdaderas.
El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.
El sabio sabe que ignora.