Un hombre vale por lo que construye.
Un hombre vulgar puede acabarse lo mismo que un gran hombre.
Un hombre y una mujer son hasta tal punto la misma cosa que casi no se entiende la cantidad de distinciones y de razonamientos sutiles de los cuales se nutre la sociedad sobre este argumento.
Un hombre y una mujer verdaderamente enamorados es el único espectáculo de este mundo digno de ofrecer a los dioses.
Un hombre, por regla general, le debe muy poco al entorno donde nació. Un hombre es lo que él hace de sí mismo.
Un idealista es un hombre que, partiendo de que una rosa huele mejor que una col, deduce que una sopa de rosas tendría también mejor sabor.
Un inventor es un hombre que pregunta "¿Por qué?" al Universo y no permite que nada se interponga entre la respuesta y su mente.
Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es un hombre que vende lo que pinta.
Un poco de filosofía hace al hombre ateo, mucha filosofía lo lleva a Dios.
Un psiquiatra es un hombre que va al Folies Bergère y mira... a los espectadores.
Un sentimental es un hombre que ve un absurdo valor en todo, y no conoce el precio fijo de nada.
Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro. Un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro.
Una alondra se vuela respiro la niebla ¡Yo camino sobre nubes!.
Una burbuja de aire en la sangre, una gota de agua en el cerebro, bastan para que el hombre se desquicie.
Una conversación con un hombre sabio vale más que diez años de estudio en libros.
Una cosa es haber andado más camino y otra, haber caminado más despacio.
Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber.
Una falsa ciencia hace ateos; una verdadera ciencia posterna al hombre ante la divinidad.
Una luz que alumbra muchos caminos, no alumbra un camino.
Una mente atormentada por la duda no puede encarar el camino del éxito.
Una mosca exaspera a un gran hombre.-
Una mujer puede cambiar la trayectoria vital de un hombre.
Una noche de primavera. En la sombra del templo un misterioso hombre suplicando.
Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre.
Una pila de piedras deja de ser una pila de piedras en el momento en que un solo hombre la contempla, concibiendo por dentro la imagen de una catedral.