Cada hombre lleva un fantasma de mujer, no en la imaginación que entonces sería fácil de expulsarle; sino circulando en su sangre, y cada mujer un fantasma más o menos concreto de hombre.
Cada hombre tiene su precio.
Cada hombre, en el fondo de su corazón, tiene derecho a creerse enteramente igual a los demás hombres; de ello no se desprende que el cocinero de un cardenal deba ordenar a su amo que le haga la cena; pero el cocinero puede decir: "Soy hombre como mi amo; he nacido llorando como él; él morirá como yo entre las mismas angustias y las mismas ceremonias. Los dos tenemos las mismas funciones animales. Si los turcos se apoderan de Roma, y entonces yo me convierto en cardenal y mi amo en cocinero, lo tomaré a mi servicio".
Cada niño que viene al mundo nos dice: Dios aún espera del hombre.
Cada pensamiento positivo que tenemos está forjando el camino hacia el futuro que deseamos.
Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida real, individual, correspondiente al objeto de nuestra voluntad.
Cada uno de nosotros está en la tierra para descubrir su propio camino, y jamás seremos felices si seguimos el de otro.
Cada uno de nosotros está solo y, cuanto antes un hombre lo comprenda, mejor para él.
Cada vez que un hombre ríe, añade un par de días a su vida.
Cada virtud sólo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos.
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Camino caluroso sobre esa piedra descansan todos.
Casi todo político tiene tanta necesidad, en determinadas circunstancias, de un hombre honesto, que, cual si fuera un lobo hambriento, irrumpe en el redil; mas no para devorar el cordero robado, sino para ocultarse tras su lanoso lomo.
Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.
Caso tras caso, vemos que el conformismo es el camino fácil, y la vía al privilegio y el prestigio; la disidencia trae costos personales.
Cien hombres, juntos, son la centésima parte de un hombre.
Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.
Como al caballo lo prueba el camino, a los hombres los prueba su destino.
Como meta, la arquitectura debe proponernos la creación de relaciones nuevas entre el hombre, el espacio y la técnica.
Como un camino en otoño: tan pronto como se barre, vuelve a cubrirse de hojas secas.
Con frecuencia el hombre busca una diversión y encuentra una compañera.
Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, y mientras con su mente tiende a una meta, su corazón le arrastra insensiblemente hacia otra.
Con la civilización hemos pasado del problema del hombre de las cavernas al problema de las cavernas del hombre.
Con la primera copa el hombre bebe vino; con la segunda el vino bebe vino, y con la tercera, el vino bebe al hombre.
Con las dificultades propias de los que caminan en un Ford del año 1920 y por un camino malo, vamos de tumbo en tumbo, pero avanzando, avanzando.