Desconfiad de la mujer que habla de su virtud y del hombre que habla de su honestidad.
Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de si mismo es una lágrima.
Desventurado el hombre que no tiene quien le amoneste cuando tiene necesidad de ello.
Dios creó al hombre a su imagen significa, probablemente, que el hombre creó a Dios a la suya.