Nunca el hombre es tan ridículo por las cualidades que tiene, como por aquellas que cree tener.
Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados.
Nunca son tan fuertes las mujeres como cuando se arman de la propia debilidad.
Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los crímenes que ellos han cometido.