Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten.
Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos buscado con nuestros actos.
Las máquinas siendo por sí incapaces de lucha, han logrado que el hombre luche con ellas.
Las mejores cartas de amor de una mujer son siempre las escritas al hombre que está traicionando.
Las mujeres, como las espadas, cuando más respeto inspiran es cuando están desnudas.