Afortunado el hombre que se ríe de sí mismo, ya que nunca le faltará motivo de diversión.
Al amor, como a una cerámica, cuando se rompe, aunque se reconstruya, se le conocen las cicatrices.
Al brillar un relámpago nacemos y aún dura su fulgor cuando morimos; tan corto es el vivir.
Al hombre de cada siglo le salva un grupo de hombres que se oponen a sus gustos.
Al hombre le es dado un número determinado de experiencias; al economizarlas, prolonga su vida.
Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
Al principio de las catástrofes, y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica.
Algo habrá de malo en la riqueza cuando a todo el mundo le da vergüenza confesar que la tiene.