La avaricia es como el fuego, cuando más leña se pone, más arde.
La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, o el más ligero, porque tarde o temprano, el hombre que gana es aquel que cree poder hacerlo.
La belleza del hombre está o en la sonoridad, o en el significado.
La belleza es la vida cuando la vida levanta el velo de su rostro sangrado.
La boca de un hombre mayor está sin dientes, pero nunca sin palabras de sabiduría.
La buena gente se la conoce en que resulta mejor cuando se la conoce.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
La cantidad de rumores inútiles que un hombre puede soportar es inversamente proporcional a su inteligencia.
La capacidad de atención del hombre es limitada y debe ser constantemente espoleada por la provocación.
La causa de la mujer es la del hombre; los dos se levantan o sucumben juntos.
La ciencia es la progresiva aproximación del hombre al mundo real.
La ciencia es la verdadera escuela moral; ella enseñan al hombre el amor y el respeto a la verdad, sin el cual toda esperanza es quimérica.
La ciencia es sin disputa el mejor, el más brillante adorno del hombre.
La ciudad (polis) es una de las cosas que existen por naturaleza; y el hombre es, por naturaleza, un animal político.
La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien.
La conciencia es la presencia de Dios en el hombre.
La conducta del hombre para con los animales más primitivos, y su conducta para con sus congéneres, muestra una relación constante.
La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.
La democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás.
La democracia es una forma superior de gobierno, porque se basa en el respeto del hombre como ser racional.
La desgracia no llega al hombre valeroso.
La desobediencia es la base del verdadero hombre religioso; la desobediencia a todos los sacerdotes, los políticos y los intereses creados.
La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas.
La dicha más hermosa del hombre que piensa es haber escrutado lo escrutable y venerar serenamente lo inescrutable.
La dictadura, devoción fetichista por un hombre, es una cosa efímera, un estado de la sociedad en el que no puede expresarse los propios pensamientos, en el que los hijos denuncian a sus padres a la policía; un estado semejante no puede durar mucho tiempo.