El trabajo que un hombre desconocido ha hecho es como un arroyo de agua que corre oculto en el subsuelo secretamente haciendo verde la tierra.
El traje denota muchas veces al hombre.
El único error de Dios fue no haber dotado al hombre de dos vidas: una para ensayar y otra para actuar.
El único hombre que es realmente libre es aquel que puede rechazar una invitación a comer sin dar una excusa.
El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.
El universo con todas sus pompas y con toda su hermosura es un caos para el hombre sin fe.
El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente.
El valiente sabe cuando proceder.
El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa.
El valor económico del trabajo de un hombre está determinado, en un mercado libre, por un solo factor: El consentimiento voluntario de aquellos con la voluntad de comerciar con él a cambio de sus productos o de su trabajo.
El valor nunca es mayor que cuando nace de la última necesidad.
El verdadero amigo es aquél que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte.
El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede.
El verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo. Pero uno sólo se convierte en un hombre cuando supera estos combates.
El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.
El verdadero precio de todo, lo que todo realmente le cuesta al hombre que quiere adquirirlo, es el esfuerzo y la complicación de adquirirlo.
El verdadero valor consiste en prever todos los peligros y despreciarlos cuando llegan a hacerse inevitables.
El vino es una cosa maravillosamente apropiada para el hombre si, en tanto en la salud como en la enfermedad, se administra con tino y justa medida.
El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría. Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.
El vino se parece al hombre: nunca se sabe hasta qué punto se le puede apreciar o despreciar, amar u odiar; ni cuantos actos sublimes o crímenes monstruosos es capaz de realizar. No seamos, entonces, más crueles con él que con nosotros mismos y tratémosle como a un igual.
El vino tórnase bueno cuando resultaba nuevo, duro y áspero, pero se sostiene aquel vino que ya en el lagar era agradable.
Ella es luz en las horas inciertas, sostén cuando todo parece perdido.
En ciencia el reconocimiento se concede al hombre que convence al mundo, no a aquel a quien se le ocurre la idea.
En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle.
En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él.