El buen sentido es el que mejor está repartido entre todo el mundo.
El buen tienpo y el mal tiempo están dentro de nosotros, no fuera.
El cálculo nunca hace al héroe.
El camino de la magia -como, en general, el camino de la vida- es y será siempre el camino del misterio.
El cazador busca la pieza, la pieza no busca al cazador.
El cazador no se frota con grasa y se pone a dormir junto al fuego.
El cazador que persigue a un elefante no se detiene para tirar piedras a los pájaros.
El corazón de la madre es el único capital del sentimiento que nunca quiebra, y con el cual se puede contar siempre y en todo tiempo con toda seguridad.
El corazón de una persona mala nunca es puro.
El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y del otro.
El día nunca retrocede de nuevo.
El dinero es buen sirviente pero mal amo.
El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción.
El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.
El éxito y el fracaso depende de la sabiduría y la inteligencia, que nunca pueden funcionar apropiadamente bajo la influencia de la ira.
El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde.
El futuro será mejor mañana.
El gato no nos acaricia, se acaricia contra nosotros.
El gato resbala en un rojo lago por las flores de cereza.
El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.
El hombre a quien el dolor no educó siempre será un niño.
El hombre bajo todo gobierno sera el mismo, con las mismas pasiones y debilidades.
El hombre mejor no es nunca el que fue menos niño, sino al revés: el que al pisar los treinta años encuentra acumulado en su corazón el más espléndido tesoro de la infancia.
El hombre nunca ha encontrado una definición para la palabra libertad.
El hombre nunca mira al cielo porque siempre lo tiene a la vista.