Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.
Cuando miro a una persona a los ojos y veo en ellos su corazón, intuyo que somos algo más que materia.
Cuando pensamos que el día de mañana nunca llegará, ya se ha convertido en el ayer.
Cuando se presenta a la cultura científica, el espíritu no es nunca joven. Es incluso muy viejo, pues tiene la edad de sus prejuicios.
Cuando tenemos los grandes tesoros delante de nosotros, nunca los reconocemos.
Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza.
Cuando todo se hierve, te pueden dar gato por liebre.
Cuando tus ojos me miran, mi corazón se alborota.
Cuando uno reposa contento, encantado en las tintas de un buen libro, o en los andamios de una gran película, y entonces no hay apuro para encontrarse con Dios.
Cuando uno se halla habituado a una dulce monotonía, ya nunca, ni por una sola vez, apetece ningún género de distracciones, con el fin de no llegar a descubrir que se aburre todos los días.
Cuánta belleza en el arte, con tal de poder retener lo que se ha visto. No se está nunca entonces sin trabajo ni verdaderametne solitario, jamás solo.
Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga.
Cuanto más vacío está el corazón, tanto más me pesa.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Cuerpo que no le arma su corazón, las armas le esconden; más no le arman.
Cumple con la gratitud del peregrino, no olvidar nunca la fuente que apagó su sed, la palmera que le brindó frescor y sombra, y el dulce oasis donde vio abrirse un horizonte a su esperanza.
Da un poco de amor a un niño y ganarás un corazón.
Dar a un hijo mil onzas de oro no es comparable a enseñarle un buen oficio.
De la abundancia del corazón, habla la boca.
De la semilla que arrojes un huerto plantaré y a él te allegarás para llenar tu corazón.
De los innumerables escalones que conducen a mi corazón él subió tan sólo quizás dos o tres.
De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido.
De mujer que es madre, nadie nunca mal hable.
De veras, nunca estoy solo. Tan solo estoy triste cuando tus ojos huyen del sitio en que debimos encontrarnos por la tarde.
Debemos amar la oración. La oración dilata el corazón hasta el punto de hacerlo capaz de contener el don que dios nos hace de sí mismo.