A veces un puro es solamente un puro.
A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas.
A veces uno se horroriza de descubrirse a sí mismo en otro.
A veces, cuando descubro que no he escrito una sola frase después de haber borroneado páginas enteras, me desplomo en mi sillón y allí me quedo, mareado, hundido en un pantano de desesperación, odiándome y culpándome por este orgullo demente que me hace encapricharme por una quimera. Un cuarto de hora después todo ha cambiado; el corazón me da saltos de alegría.
A veces, cuesta mucho más eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes.
A veces, el arte está en los críticos. Estos inventan el arte.
A veces, el silencio es la peor mentira.
A veces, la causa sigue al efecto: por ejemplo, cuando un médico va detrás del feretro de su paciente.
A veces, la indiferencia y la frialdad hacen más daño que la aversión declarada.
A veces, lavándonos las manos, nos ensuciamos la conciencia.
A veces, mejor que combatir o querer salir de una desgracia, es probar de ser feliz dentro de ella, aceptándola.
A veces, una tarde cualquiera, la dulzura se instala en las palabras.
A veces, unos puntos suspensivos a tiempo resultan más profundos que un verso archipensado.
Abrazo flojo, amor poco; abrazo apretado, ese sí que es abrazo.
Adelgazo a través de la poesía y camino en febrero por la playa.
Afronta tu camino con coraje, no tengas miedo de las críticas de los demás. Y, sobre todo, no te dejes paralizar por tus propias críticas.
Al que la razón no pudo dar remedio, muchas veces se lo dio la paciencia.
Al que quiera abrirse camino a codazos, echadlo a puñetazos.
Al trabajo de la tierra. El hombre que preguntó por el camino Desapareció.
Alguna vez en la vida volveré por esa senda, haciendo el mismo camino entre tu rancho y la acequia.
Algunas veces debemos desechar los grandes pensamientos, y seguir los que las circunstancias nos inspiran.
Algunas veces en la vida conviene tener los ojos muy abiertos, otras a la mitad y otras más bien cerrados. La cuestión está en saber cómo cada vez.
Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer.
Algunas veces pienso en lo que los historiadores del futuro dirán de nosotros. Una sola frase será suficiente para definir al hombre moderno: fornicaba y leía periódicos.
Algunas veces, la razón me parece ser la facultad de nuestra alma para no comprender nada de nuestro cuerpo.