El hombre puede renunciar a todos los placeres que quiera, pero no va a renunciar a su sufrimiento.
El hombre puede trepar hasta las cumbres más altas, pero no puede vivir allí mucho tiempo.
El honor y el premio son los resortes para que no se adormezca el espíritu del hombre.
El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderle y hablarle.
El mal que me ha sucedido yo nunca lo lamenté, pero tampoco lo olvido pues dio sentido a mi bien.
El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar.