El fin de la creación literaria es iluminar el corazón de todos los hombres, en los que tienen de meramente humano.
El gato podría ser el mejor amigo del hombre, pero nunca se dignaría admitirlo.
El genio comienza las grandes obras, pero sólo el trabajo las acaba.
El genio puede concebir, pero la labor paciente debe consumar.
El gran secreto del poder se encuentra en la voluntad.
El hábito es al principio ligero como una tela de araña, pero bien pronto se convierte en un sólido cable.
El hambre espía en la casa de los pobres, pero si la habitan personas trabajadoras, no se atreve a entrar.
El hambre viene sola, pero no se va sola.
El hombre busca su bien a costa del mundo entero.
El hombre común se molesta si le dicen que su padre era deshonesto, pero se vanagloria si su descubre que su bisabuelo fue pirata.
El hombre descontento no encuentra silla cómoda.
El hombre desdichado busca un consuelo en la amalgama de su pena con la pena de otro.
El hombre económico es el más rico de los hombres, pero el avaro es el más pobre.
El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.
El hombre es en verdad un animal gregario: puede que le guste pasear a solas, pero odia quedarse solo en sus opiniones.
El hombre es un animal racional, pero no un animal razonable.
El hombre es una multitud solitaria de gente, que busca la presencia física de los demás para imaginarse que todos estamos juntos.
El hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar.
El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas.
El hombre malo puede decantarse a veces hacia el lado de la razón; pero le resulta casi imposible no hacer cuanto conviene para inclinarse a la maldad.
El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido,pero no derrotado.
El hombre orgulloso puede aprender humildad, pero estará orgulloso sobre ella.
El hombre posee gran razonamiento, pero en su mayor parte vano y falso; los animales lo tienen menor, pero útil y verídico, y más vale una pequeña certeza que un gran engaño.
El hombre prudente es parco en el hablar pero activo en el obrar.
El hombre puede creer en lo imposible, pero no creerá nunca en lo improbable.