La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores.
La experiencia tiene la misma utilidad que un billete de lotería después del sorteo.
La fama como un borracho consume la casa del alma revelando que sólo has trabajado para eso.
La fe puede ser sucintamente definida como una creencia ilógica en que lo improbable sucederá.