Deja que, así, te exprese, cuando huyen las palabras, ay, expresión del tacto, única voz precisa, deja que, así, te exprese mi ternura.
Déjame que llore como aquel que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte.
Dejar de amar a una mujer es tanto como odiarla violentamente
Dejé de comer y de beber para meditar; es inútil: más vale aprender.
Deje de creer en Santa Claus cuando tenía seis años. Mi madre me llevó a verle a unos grandes almacenes y me pidió mi autógrafo.
Del mismo modo en que solemos mirar un reloj parado como si aúm andase, también le miramos la cara a una mujer bella como si aún nos amase.
Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.
Desagradables y deformes, algunos artistas son como las conchas babosas de moluscos, en las que nacen perlas.
Desagradecido es el que agradeciendo tiene ojo a otro segundo beneficio.
Desde la frente, que es lámpara lírica, desborda su acento como un aceite de aroma y de gracia la ardiente poesía.
Desde las cenizas me levanto, con mi cabello rojo y devoro hombres como el aire.
Desde que encontré tus labios, como una mariposa al descubrir su miel, necesito tu boca para embriagar tus noches y tus manos sedientas que alimentan mi piel.
Desdichado es el que por tal se tiene.
Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.
Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.
Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo debemos renunciar a una ventaja.
Después de todo, la pintura se ha de hacer tal como uno es.
Después del poder, nada hay tan excelso como el saber tener dominio de su uso.
Di a cada uno: tienes razón. Porque tiene razón. Pero condúcelos más alto en su montaña; pues el esfuerzo de escalar, que rehusarían por ellos mismos, exige tanto de los músculos como del corazón. . . ¿cómo conocerán los hombres sus actos si no han escalado trabajosamente la montaña, en soledad, para trasmutarse en silencio?.
Dicen que cuando los americanos buenos mueren van a París -dijo sir Thomas riendo...-¿En serio? ¿Y dónde van los americanos malos cuando mueren? -preguntó la duquesa. -Van a América -murmuró lord Henry.
Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican. Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.
Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos.
Diez yuntas de bueyes no atraen tanto como el pelo de una mu]er.
Dime cómo te diviertes y te diré quién eres.
Dios es día y noche, invierno y verano, guerra y paz, abundancia y hambre.