Aburrido: El que habla cuando desea que lo escuches.
Acaso no haya nada tan considerable en la historia de los cristianos como Rancé rezando a la luz de las estrellas, apoyado en los acueductos de los césares, a la puerta de las catacumbas: el agua se lanzaba con fragor por encima de las murallas de la Ciudad Eterna, mientras la muerte, abajo, entraba silenciosamente en la tumba.
Actuar sin pensar es como disparar sin apuntar.
Actúo en política como en la guerra: distraigo a un flanco para batir al otro.
Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta.
Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar.
Agradar cuando se recaudan impuestos y ser sabio cuando se ama son virtudes que no han sido concedidas a los hombres.
Ahí donde Dios tiene un templo, el demonio levanta una capilla.
Ahora acércate más y escucha los obsesivos latidos del amor que se propagan como el tam tam de los negros tambores en el canto tribal de mi cuerpo.
Ahora conozco el secreto de hacer la mejor persona: crecer bajo el aire abierto y comer y dormir con la tierra.
Ahora se suele criticar a la televisión por transmitir tanta violencia, cuando más cruel ha sido la Biblia: en sus páginas se come a niños, se llama a matar a los enemigos, se queman casas, se sacan los ojos a los hombres. Los dueños de la televisión moderna no han inventado nada nuevo.
Ahora una vez más en la noche apagada como plantas crecen murallas de clausura, murallas fronterizas para custodiar los campos de mi amor.
Ahora usamos la ley como un arma en lugar de una herramienta.
Ahuyentemos el tiempo, amor, que ya no exista; esos minutos largos que desfilan pesados cuando no estás conmigo y estás en todas partes sin estar pero estando.
Al agua arrasa y es como de noche en cada terreno cultivado.
Al brillar un relámpago nacemos y aún dura su fulgor cuando morimos; tan corto es el vivir.
Al carajo con la verdad. El estilo es más importante: cómo hacer una por una cada cosita.
Al evocarte, mi alma se ilumina como un amanecer.
Al hablar, como al guisar, su granito de sal.
Al hombre le interesa lo real, como tal, aunque no sea deseable. Al niño le importa lo deseable, como tal, aunque no sea real.
Al irte dejas una estrella en tu sitio, dejas caer tus luces como el barco que pasa, mientras te sigue mi canto embrujado.
Al marido, amarle como amigo, y tenerle como enemigo.
Al mudar de piel vuelves a sentir, te izas como vela.
Al no tener ya miedo de las palabras ¿cómo iba a temer las cosas?
Al otoño de mi vida la luna no tiene manchas y sin embargo.