El conocimiento nos hace responsables.
El crimen hace iguales a todos los contaminados por él.
El deseo de agradar es al espíritu lo que el adorno a la belleza.
El deseo de la polilla de alcanzar la estrella, de la noche que se convierta en mañana; la devoción de algo distante y fabuloso, nos puede llevar de la alegría a la tristeza.
El deseo de morir era mi interés excluyente; a él le sacrifiqué todo, hasta la muerte.
El deseo de parecer listo impide el llegar a serlo.
El deseo de ser hábil impide a veces serlo.
El deseo es algo irracional por el cual uno siempre tiene que pagar un alto precio.
El deseo es como un marrón glacé envuelto en papel de plata.
El deseo es fósforo: ruido químico.
El deseo es una tendencia constante.
El deseo es vida; su consecución, muerte.
El deseo intenso crea no sólo sus propias oportunidades sino además sus propios talentos.
El deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho.
El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
El deseo vence al miedo.
El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos.
El dinero falso lo hacen los hombres; pero en muchas casos, el dinero, falso o no, hace hombres falsos.
El dinero hace al hombre entero.
El dinero no hace la felicidad, pero aplaca los nervios.
El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción.
El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.
El ejercicio hace maestro al novicio.
El epitafio es la última tarjeta de visita que se hace el hombre.
El erotismo es cuando la imaginación hace el amor con el cuerpo.