Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.
Todos mienten, pero no importa porque nadie escucha.
Todos nosotros somos cobayas en el laboratorio de dios. La humanidad es simplemente un trabajo en progreso.
Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
Todos podrían herir a la verdad. Pero nadie podría matarla.
Todos pueden matarme, pero no todos pueden herirme.
Todos somos culpables, pero si hubiera que repartir responsabilidades las mayores caerían sobre las clases dirigentes.
Todos somos fragmentos no sólo del hombre en general, sino de nosotros mismos.
Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla.
Todos son locos, pero el que analiza su locura, es llamado filósofo.
Toma consejo en el vino, pero decide después con agua.
Toma problemas prestados, si te lo dicta tu naturaleza, pero no los prestes a tus vecinos.
Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo.
Trabajamos siempre para dar forma a nuestra vida, pero copiando sin querer, como un dibujo, los rasgos de la persona que somos y no los de aquélla que nos agradaría ser.
Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos.
Tras cualquier acción de un político se puede encontrar algo dicho por un intelectual quince años atrás.
Tratar a la gente bien te llevará mucho más lejos en la vida que el atletismo. Trabaja duro, pero trabaja duro para hacer a alguien sonreír.
Tratarse mal sin enfadarse es una de las mayores delicadezas de la verdadera amistad. Que puede ser superada por otra delicadeza: la de tratarse siempre bien.
Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.
Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.
Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa.
Tu ego se puede convertir en un obstáculo para tu trabajo. Si comienzas creyendo en tu grandeza, es la muerte de tu creatividad.
Tu peor enemigo puede ser tu mejor amigo, su mejor amigo y su peor enemigo.
Tu puedes dar sin amar, pero no puedes amar sin dar.
Tu rosa mi rosa, escribirá llameantes taumaturgias, cuando el cielo llueva luceros de miel y titilen luciérnagas de harina.