No podemos temer nunca cuando tenemos una madre poderosa y amante que vela por nosotros.
No puede conseguirse ningún progreso verdadero con el ideal de facilitar las cosas.
No puede herirnos la injuria sino cuando la recordamos; por ello la mayor venganza es el olvido.
No puedo cambiar la dirección del viento, pero puedo ajustar mis velas para llegar a mi destino.