La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie.
La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella.
La pena uno puede soportarla solo, mas para estar alegre se necesitan dos.
La perfección es terrible, ella no puede tener niños.
La persona que puede llevar el espíritu de la risa a una habitación es bendecida.
La persona que tiene mucha alegría es necesariamente buena: pero tal vez no sea la más lista, aunque consigue precisamente aquello que la más lista trata de conseguir con toda su listeza.
La persona sádica es tan dependiente de la sumisa como ésta de aquélla: ninguna de las dos puede vivir sin la otra. La diferencia sólo radica en que la persona sádica domina, explota, lastima y humilla, y la masoquista es dominada, explotada, lastimada y humillada.
La pluma puede llegar a ser más cruel que la espada.
La pobreza es dura carga, pero hace callo a la larga.
La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle.
La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar.
La prosa -puede especularse- es discurso; la poesía elipsis. La prosa se habla en voz alta; la poesía se escucha a hurtadillas. La primera es presumiblemente articulada y social, un idioma compartido, la voz de la "comunicación"; la otra es privada, alusiva, inquietante, tímida, idiosincrásica como la delicada tela de una araña, una especie de hechizo insondable para las mentes comunes.
La puerta mejor cerrada es aquélla que puede dejarse abierta.
La razón es un sol severo: ilumina pero ciega.
La razón no se salvará sin la fe, pero la fe sin la razón no será humana.
La razón por la que todos pensamos tan bien de los demás es porque tenemos miedo de nosotros mismos. La base del optimismo es puro terror.
La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer.
La razón siempre ha existido, pero no siempre en una forma razonable.
La razón teme la derrota, pero la intuición disfruta la vida y sus desafíos.
La reina del mundo es la fuerza y no la opinión; pero es la opinión quien usa de la fuerza.
La religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio.
La religión no admite, no puede admitir, un hombre libre. Solamente acepta el homenaje de los postrados, y desprecia las ofrendas de los que se alzan erguidos.
La Revolución francesa, obra de la filosofia. Pero qué salto desde el "cogito ergo sum" hasta el primer grito de "A la Bastille!" resonando en el Palais Royal. Para la Bastilla fue la trompeta del Juicio Final.
La risa sirve para poner distancia entre nosotros y algún suceso, lidiar con él y dar vuelta la hoja.
La rosa tiene espinas, pero… ¿tiene pétalos el atún?.