El público es más inteligente de lo que él mismo cree, pero no hay que decírselo, porque si no se vuelve aún más impertinente de lo que es de por sí.
El pueblo me silba, pero yo me aplaudo. (Populus me sibilat, at mihi plaudo)
El que airado procura hacer daño, no se guarda del que le puede suceder.
El que busca el cielo en la tierra se ha dormido en clase de geografía.
El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas.
El que esperar puede, alcanza lo que quiere.
El que lucha contra nosotros nos refuerza los nervios y perfecciona nuestra habilidad.
El que más puede, más aprieta.
El que me coacciona pretende hacerlo porque sus razones son fuertes; pero realmente lo hace porque son débiles.
El que no ama su patria no puede amar nada.
El que no puede sobrellevar lo malo no vive para ver lo bueno.
El que posee un amigo verdadero puede decir que posee dos almas.
El que puede gobernar a una mujer puede gobernar a una nación.
El que puede prescindir del ser amado puede prescindir de todo.
El que recibe lo que no puede pagar, engaña.
El que sabe atar no usa cuerdas ni nudos, y, sin embargo, nadie puede desatar lo que él ha unido.
El que sabe, no puede creer. El que cree, no puede saber.
El que se enamora no lo nota, pero al poco tiempo se vuelve idiota.
El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho.
El renombre del rico termina con su vida; se recuerda el tesoro, pero no al atesorador. Muy otra es la gloria de la virtud de los mortales que la de sus tesoros.
El río en el verano y un puente. Pero el caballo pasa por el agua.
El robot va a perder. No por mucho. Pero cuando se anote el resultado final, la carne y la sangre derrotarán al monstruo maldito.
El romper de una ola no puede explicar todo el mar.-
El ruido de un beso no es tan retumbante como el de un cañón, pero su eco dura mucho más.
El saber es la única propiedad que no puede perderse.