Es grande ver a un hombre crecerse ante el fracaso y que empieza de nuevo.
Es la vida un dolor en que se empieza el de la muerte, que dura mientras dura ella.
Es necesario ser casi un genio para ser un buen marido.
Estar a solas con un buen libro es ser capaz de comprenderte más a ti mismo.
Fui casado por un juez. Pero mejor debería haber pedido un jurado.
Gato maullador, nunca buen cazador.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Ha de ser limpia la casa, y la conducta.
Habla con suavidad y lleva un buen garrote; llegarás lejos.
Hacete amigo del juez, no le des de que quejarse, que siempre es bueno tener, palenque de ande rascarse.
Hay que amar lo que es digno de ser amado y odiar lo que es odioso, mas hace falta buen criterio para distinguir entre lo uno y lo otro.
Hombre de buen trato, a todos es grato.
Horizonte claro con cielo nublado, buen tiempo declarado.
Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense.
Juez que dudando condena, merece pena.
La absolución de culpable es la condena de juez.
La alegría ha sido llamada en buen tiempo del corazón.
La amistad termina donde la desconfianza empieza.
La belleza, la belleza de verdad, termina donde empieza la expresión intelectual. El intelecto es en sí mismo una forma de exageración y destruye la armonía de cualquier rostro. En el momento en que te sientas a pensar, te vuelves todo nariz, todo frente, o cualquier otra cosa horrible. Mira a los triunfadores de cualquier profesión docta. ¡Qué horrorosos son! Excepto los eclesiásticos, aunque bien es cierto que en la Iglesia no se piensa: un obispo sigue diciendo a las ochenta años lo que le enseñaron a decir a los dieciocho y, en consecuencia, su aspecto es siempre encantador.
La buena suerte se pasa, y el saber se queda en casa.
La caridad bien entendida empieza por uno mismo, y generalmente acaba ahí.
La caridad bien entendida empieza por uno mismo.
La caridad comienza en mi casa, y la justicia en la puerta siguiente.
La caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza.
La caridad no es un buen sustituto de la justicia.