En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre.
En casa de herrero, cuchillo de palo.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
En casa del bueno, el ruin tras el fuego.
En casa del cantero florecen los crisantemos entre las piedras.
En casa del músico, todos saben cantar.
En casa limpia los ángeles bailan de gusto.
En donde vivo desde que no estás ya no le llamo casa
En donde vivo desde que no estás ya no le llamo casa.
En el amor no hay crímenes ni delitos, sólo falta de buen gusto.
En el punto donde se detiene la ciencia, empieza la imaginación.
En el sacerdote, como en el alienista, siempre hay algo de juez de instrucción.
En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa.
En la corte es llegada a tanto la locura, que no llaman buen cortesano sino al que está muy adeudado.
En lo que parecemos, todos tenemos un juez; en lo que somos, nadie nos juzga.
En mala casa, mal amo y mala masa.
En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.
En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones.
En mi propia casa como en la ajena, he creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de significación.
En mi vida, disfruto de mis viajes y disfruto cuando regreso a casa.
Entra una nueva pena y las viejas penas de la casa la reciben calladas, no muertas.
Es aburrido ver a alguien entrar en una casa por la puerta. Es mucho más interesante cuando alguien entra por la ventana.
Es agradable ver cómo un buen poeta transporta la imaginación de otro artista, permitiéndole crear su propio equivalente de la poesía. El artista plástico, para sacar el mejor partido de su obra, debe evitar adherir de manera demasiado servil al texto. Por el contrario, debe trabajar libremente, enriqueciendo su propia sensibilidad mediante el contacto con el poeta que va a ilustrar.
Es como para creer que al buen dios, que creó el mundo, no le gusta que los hombrecillos tengan por su parte (aunque a su reducida escala) una pasión parecida.
Es el crepúsculo, cayendo sobre mi casa el fuego del cielo.