La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.
Las almas más grandes son tan capaces de los mayores vicios como de las mayores virtudes.
Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten.
Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse.