La muerte de un anciano es como una biblioteca que se quema.
La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.
La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
La muerte lo mismo come cordero como carnero.
La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.
La mujer es como la sombra: si la huyes, sigue; si la sigues huye.
La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.
La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella.
La mujer es más como la noche. Te rodea, te envuelve, te ahoga, sin ofenderte, sin ni siquiera tocarte.
La mujer es un manjar digno de los dioses, cuando no lo guisa el diablo.
La música empieza donde se acaba el lenguaje.
La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso.
La música es la aritmética de los sonidos, como la óptica es la geometría de la luz.
La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor.
La música es sólo amor buscando palabras.
La música se empieza a atrofiar cuando se aleja demasiado del baile. La poesía se comienza a atrofiar cuando se aleja demasiado de la música.
La nación tiene derecho a determinar libremente sus destinos. Tiene derecho a rganizarse como le plazca, naturalmente, siempre y cuando no menoscabe los derechos de otras naciones. Esto es indiscutible.
La necesidad ha hecho aparearse a quienes no pueden existir el uno sin el otro, como son el varón y la mujer.
La noche infinita. ¡Pienso en cómo será en 10.000 años!.
La nueva forma de enseñar ciencia consiste también en enseñar a los maestros cómo enseñar ciencia.
La ocasión cuando es propicia, tonto es quien la desperdicia.
La ocasión es como el fierro: se ha de machacar caliente.
La ociosidad, como el moho, desgasta mucho más rápidamente que el trabajo.
La oscuridad es efectivamente penosa para la mente, como lo es para el ojo, pero sacar la luz de la oscuridad, por el esfuerzo que sea, ha de ser deleitable y producir regocijo.
La palabra sincera huye, como niña decorosa, de los comedores renales.