El poeta debe caer como un halcón sobre su presa y dejarla en los huesos.
El pueblo se inquieta al ver llorar, como si un sollozo fuera más grave que una hemorragia.
El que emplea demasiado tiempo en viajar acaba por tornarse extranjero en su propio país.
El que es bueno, es libre aún cuando sea esclavo; el que es malo, es esclavo aunque sea rey.
El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo.
El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.