No hay mejor amor que el que nunca ha sido. Los romances que alcanzan a completarse conducen inevitablemente al desengaño, al encono o a la paciencia; los amores incompletos son siempre capullo, son siempre pasión
No hay mejor medida de lo que una persona es que lo que hace cuando tiene completa libertad de elegir.
No hay nada ilimitado que interesa tanto al hombre como la sensacíon de un beso; siempre con la sensación de estar al borde del abismo.
No hay nada malo en esperar lo mejor, siempre y cuando estes preparado para lo peor.
No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos, cuando estos lleguen a perderle el temor pero no el respeto.
No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.
No hay nada que pueda crecer y perecer tan profundamente como el hombre.
No hay nada tan cierto en el mundo como la muerte y los impuestos.
No hay nada tan rápido como un sentimiento de antipatía.
No hay nada tan recompensante como hacer a la gente darse cuenta de que son valiosas en este mundo.
No hay nada, sin duda, que calme el espíritu tanto como el ron y la verdadera religión.
No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano.
No hay palabra ni pincel que llegue a manifestar amor de padre.
No hay riqueza tan segura como un amigo seguro.
No hay sueños imposibles ni tan lejos si somos como niños, sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir.
No hay talento más valioso que el de no usar dos palabras cuando basta una.
No hay vidas pequeñas: cuando la miramos de cerca, toda vida es grande.
No he madurado, no he aprendido a crecer, no he dejado de ser una niña pero te amo tanto como una mujer.
No honres con tu odio a quien no podrías honrar con tu amor.
No importa bajo que bandera pelee, siempre y cuando sea por la misma causa.
No importa cuán lento te muevas, siempre y cuando no pares.
No importa cuanto vivamos, sino cómo.
No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda.
No llames jamás feliz a un mortal hasta que no hayas visto cómo, en su último día, desciende a la tumba.
No me asusta tanto perder mi libertad como perder mi soledad.