La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna.
La vejez no nos vuelve infantiles, como dicen, sino que nos encuentra todavía cual verdaderos niños.
Los niños adivinan qué personas los aman. Es un don natural que con el tiempo se pierde.
Los niños iluminan el hogar. ¡Cómo no iluminarlo, si dejan las luces prendidas en todos lados!.
Los niños son como Dios, llenos de ternura, paz y con el lenguaje universal del Amor.