El hombre es un animal no social, sino cordial, y la familia es la forma menos imperfecta de la cordialidad humana.
El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear.
El hombre llega hasta donde la mujer quiere.
El hombre mejor no es nunca el que fue menos niño, sino al revés: el que al pisar los treinta años encuentra acumulado en su corazón el más espléndido tesoro de la infancia.
El hombre no es más que el producto de sus pensamientos. Se convierte en lo que piensa.
El hombre piensa, debe utilizar todos sus sentidos; debe examinar; debe razonar. El hombre que no puede pensar es menos que un hombre; el hombre que no quiere pensar es un traidor a sí mismo; el hombre que teme pensar es un esclavo de la superstición.
El hombre prudente sólo piensa en sus dificultades cuando ello tiene algún objeto. Cuando no, piensa en otra cosa.
El hombre que piensa yerra particularmente cuando pregunta por la causa y el efecto: ambos juntos forman el fenómeno indivisible. Quien sabe reconocer esto se halla en el buen camino hacia la acción, el actuar.
El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima menos de lo que vale.
El horizonte fue creado donde existe un siempre, ¿en dónde? en algún lugar.
El jardín silencioso. donde la camelia, ofrece su blancura.
El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia.
El más feliz es aquel de quien el mundo habla lo menos posible, sea en bien o sea en mal.
El microscopio empieza donde el telescopio termina.-
El mundo de las ideas incide el mundo físico; piensa bien y harás lo correcto.
El perro y el niño, donde ven cariño.
Él piensa mucho: hombres así son peligrosos.
El placer más seguro es el menos placentero.
El poeta piensa en un amplio compas la realidad, lo psiquico y lo social, y gracias a ellos consigue fecundos y maravillosos efectos.
El que aguanta lo más, aguanta lo menos.
El que escribe mucho no yerra menos del que habla mucho.
El que levanta demasiado la cabeza, no ve dónde pisa.
El que menos corre, vuela.
El que no piensa en sus deberes sino cuando se lo recuerdan no es digno de estimación.
El que se ve en una situación peligrosa piensa con las piernas.