No hay nada más ateo que la alfombra de la catedral.
No hay nada más bello que vivir.
No hay nada más cierto que nuestros propios errores.
No hay nada más común que la pasión por el arte.
No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos, cuando estos lleguen a perderle el temor pero no el respeto.
No hay nada más patente que lo secreto, ni nada más tangible que lo recóndito; por eso, el noble debe ser cauteloso con respecto a lo que él sólo es para sí.
No hay nada más raro en el mundo que una persona a la que siempre podamos tolerar.
No hay nada más terrible que la ignorancia en acción. Creer una cosa sobre la base de pruebas insuficientes es siempre un error, en todas partes trátese de quien se trate. La gente que cree en absurdos cometerá atrocidades.
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuantas cosas viejas hay que no conocemos.
No hay nada peor que una imagen brillante de un concepto borroso.
No hay nada que delate mejor la verdadera índole de las personas que su actitud hacia el dinero.
No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.
No hay nada que pueda crecer y perecer tan profundamente como el hombre.
No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres. Para ser libre, un hombre debe ser libre de sus hermanos.
No hay nada que sea más amenazador que la felicidad, y cada beso que damos puede despertar un enemigo.
No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer más bajo que tu corazón
No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer mas bajo que tu corazón.
No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.
No hay nada tan cierto en el mundo como la muerte y los impuestos.
No hay nada tan difícil, que buscándolo, no pueda encontrarse.
No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable.
No hay nada tan rápido como un sentimiento de antipatía.
No hay nada tan recompensante como hacer a la gente darse cuenta de que son valiosas en este mundo.
No hay nada, sin duda, que calme el espíritu tanto como el ron y la verdadera religión.
No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.