La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada.
La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
La vida es un pañuelo, es un hermoso juego, es un instante de pólvora y colores y nada más.
Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten.
Las atrocidades no lo son menos si ocurren en laboratorios y se llaman investigación biomédica.
Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen, nada que decir, pero lo dicen deliciosamente.