Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres.
Donde acaba el deseo comienza el temor.
Donde acaba la biología comienza la religión.
Donde la ley acaba, comienza la tiranía.
En el punto donde se detiene la ciencia, empieza la imaginación.
La caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza.
La ciencia genuina, hasta donde alcanza su verdadera doctrina, carece de profundidad. La profundidad es cosa de la sabiduría.
La dignidad comienza donde la jactancia acaba.
La música empieza donde se acaba el lenguaje.
La verdadera grandeza de la ciencia acaba valorándose por su utilidad.
Para la ciencia no debe existir posibilidad de contradicción, y allí donde se presenta concluye el discurso científico.
Quien vive como yo no muere: se acaba, se marchita, se desvegeta. El sitio donde estuvo sigue sin él estar allí, la calle por donde caminaba sigue sin que él sea visto en ella, la casa que habitaba es habitada por no él.
¿Pero qué es la vida de un literato o de un hombre de ciencia, y donde hallaremos su historia? en sus obras.
Donde reina el amor, sobran las leyes.
La política no es una ciencia exacta.
. . . El mundo es un templo hermoso, donde caben en paz los hombres todos de la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y peleado por ser libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento.
A donde el corazón se inclina, el pie camina.
A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.
A donde irá el buey que no are, sino al matadero?.
A dónde irán los besos que guardamos, que no damos.
A dónde podrá ir el que hasta aquí llegó, si más allá sólo fueron los muertos.
A los hombres les encanta maravillarse. Esto es la semilla de la ciencia.
A veces mi corazón va donde mi voz no llega.
Acaba uno por agotarse y siente que esa inagotable fantasía se agota con el esfuerzo constante por avivarla.
Ahí donde Dios tiene un templo, el demonio levanta una capilla.