¿La cuestión de la fe? Me la planteo todos los días, sin cesar. He dicho no. He dicho no a Dios, si se me permite expresarme de esta manera brutal; pero la cuestión se replantea a cada instante. Estoy obsesionado, digámoslo claramente, obsesionado, si no por Dios, por el no-Dios. Así es.
¿Me habrá quitado algo un dios mientras yo estaba dormido?.
¿Por qué he de preocuparme? No es asunto mío pensar en mi. Asunto mio es pensar en Dios. Es cosa de Dios pensar en mi.
¿Quién decide cuando los médicos no están de acuerdo?
¿Y que harías si Dios hablara directamente a la cara y os dijera: "Os ordenos que sean felices en el mundo mientras vivan"?, ¿qué harías entonces?.