Imagino que sé lo que significa vivir y morir como no violento. Pero me falta demostrarlo mediante un acto perfecto.
Iría al paraíso, pero con mi infierno; solo, no.
Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todo lo demás, en número infinito, a premiarlo o castigarlo.
Jamás cerró una puerta dios, sin que abriese dos.
Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.
Jamás negociemos con miedo, pero jamás temamos negociar.
Jesús es mi Dios, Jesús es mi Esposo, Jesús es mi Vida, Jesús es mi único Amor, Jesús es todo mi ser, Jesús es mi todo.
La alegría se encuentra en todas las cosas; pero a cada uno le corresponde extraerla.
La ambición es un vicio, pero puede ser madre de la virtud.
La amistad es el amor, pero sin sus alas.
La amistad, como el diluvio universal, es un fenómeno del que todo el mundo habla, pero que nadie ha visto con sus ojos.
La astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda.
La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo.
La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte.
La bestialidad es un mal menor que la perversidad, pero es más temible.
La boca de un hombre mayor está sin dientes, pero nunca sin palabras de sabiduría.
La buena vida humana es buena vida entre seres humanos o de lo contrario puede que sea vida, péro no sera ni buena ni humana.
La búsqueda de dios es una ocupación inútil, pues no hay nada que buscar donde nada existe. A los dioses no se les busca, se les crea.
La cerilla tiene cabeza pero no tiene corazón.
La ciencia puede descubrir lo que es cierto, pero no lo que es bueno, justo y humano.
La ciencia se puede aprender de memoria, pero la sabiduría no.
La cólera da ingenio a los hombres apagados, pero los deja en la pobreza.
La comida es la parte material de la alimentación, pero el vino es la parte espiritual de nuestro alimento.
La conciencia es como un huésped pesado que grita siempre, pero con el que, salvo en algunos casos gravísimos, uno termina por entenderse.
La conciencia es la presencia de Dios en el hombre.