A las personas les interesa nuestro destino exterior; el interior, sólo a nuestro amigo.
A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.
A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
Actualmente, el destino del mundo depende, en primer lugar, de los estadistas y, en segundo lugar, de los intérpretes.
Amo al que hace de su virtud su afán y fatal destino; pues por su virtud quiere seguir con vida y no quiere vivir más.
Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia.
Cada hombre debe tener derecho a elegir su destino.
Como al caballo lo prueba el camino, a los hombres los prueba su destino.
Constituye un destino. Es más noble ser envidiado que compadecido.
Créeme, en tu corazón brilla la estrella de tu destino.
Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es.
Dale alas a tus deseos pero no permitas que el viento cambie tu destino.
Debemos obrar, no para ir contra el destino, sino para ir delante de él.
Dejaste tu sol en mi destino, tu ardor sin miedo, tu credo de amor y ese afán, ¡ay...!. ¡Tu afán, por sembrar de esperanza el camino!.
El afortunado hallazgo de un sólo libro puede cambiar el destino de un hombre.
El arte es una rebelión contra el destino.
El desarrollo personal le lleva a su destino.
El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices.
El destino de muchos hombres depende de que haya habido una biblioteca en su casa paterna.
El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio.
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
El destino es una buena cosa cuando todo te va bien, cuando eso no es así, no se le llama destino, se le llama injusticia, traición o simplemente mala suerte.
El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.
El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad.
El destino puede seguir dos caminos para causar nuestra ruina: rehusarnos el cumplimiento de nuestros deseos y cumplirlos plenamente.