Cuando la fortuna viene, tómala a mansalva y por delante, pues por detrás es calva.
Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: quiero ver al mánager.
Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de si mismo es una lágrima.
Después de las derrotas y las cruces, los hombres se vuelven más sabios y más humildes.